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Opinión

Ultrajar, ofender, humillar para sentirse superiores?

por Julieta Montaño
No quiero sumarme a voces hipócritas y oportunistas que con expresiones  rimbombantes tratan de echar leña al fuego aprovechando los acontecimientos sucedidos en la ciudad de Sucre en fecha 24 de mayo pasado. Pero, tampoco quiero dejar de expresar el repudio que siento contra la  agresividad, el autoritarismo y la  intolerancia que nos va cegando a los/as bolivianos/as, al extremo de perder la capacidad de reconocer la dignidad de persona que se encuentra en el otro bando.
 
Que “qué machos” se sienten los supuestos vencedores de una confrontación absurda como aquella en la que estamos embarcados en el país al humillar a los que consideran vencidos y por tanto inferiorizados, y que lástima que en medio de la  esa euforia enfermiza no se dejen sentir voces de racionalidad que obliguen a los energúmenos sedientos de notoriedad a respetar a las personas independientemente de color político, su creencia religiosa, identidad étnica o lo que sea que le distinga.

Pero, lo que resulta igualmente repudiable es que ese desgraciado suceso sea instrumentalizado para profundizar la confrontación y amenazar e intimidar a un pueblo; pues, tal parecería que no se busca la reparación del daño causado a las víctimas, sino usar su dolor para fines subalternos.

La afrenta, el dolor y la humillación sufrida por las víctimas debe ser sancionada de manera ejemplarizadora para que nunca más se vuelva a repetir, y las autoridades deben actuar con la debida celeridad para identificar los/as responsables y procesarles penalmente como corresponde.

Lo sucedido el 24 de mayo en Sucre no es nuevo, es algo que se repite con frecuencia, sino, recordemos al dirigente campesino que obligado a quitarse los pantalones y ponerse pollera fue paseado por las calles de la Paz mientras una turba de “valientes” mujeres y hombres del otro bando campesino iba por detrás agrediéndole y humillándole.

Si es sincera la repulsa que nos causa lo sucedido en Sucre, actuemos para que no se vuelvan a repetir esas conductas sin importar el bando del que sean las víctimas.

 
   
 
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