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Opinión
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Los adjetivos que descalifican no ayudan
por Julieta Montaño |
Resulta lamentable
que en un momento de tanta tensión en la que vive el país,
las intervenciones de actores políticos, sociales, , intelectuales
y diplomáticos estén orientadas a profundizar el disenso
antes que a visibilizar las coincidencias existentes en las propuestas
de los bandos en conflicto: Media Luna/ Gobierno.
No es posible que asumamos, que todo lo que esta en la propuesta
de Constitución del MAS sea la revelación absoluta, similar
a las Tablas de los Mandamientos de Dios y que el Estatuto Autonómico
de Santa Cruz sea la aberración jurídica más grande
y diabólica jamás vista, o al revés, que éste
sea la panacea y el proyecto gubernamental, lo peor.
Leyendo con calma y con rigor profesional, se observa que tanto
en uno como en el otro existen esfuerzos por avanzar en el reconocimiento
de los derechos humanos de los sectores más desfavorecidos de
la sociedad: mujeres, niños, indígenas y otros; que uno
tiene un detalle más exhaustivo que el otro, también es
cierto; pero ninguno es contrario al otro en esos temas. Donde si existen
diferencias significativas que necesitan ser analizadas y discutidas
a profundidad, con serenidad y libres de intereses coyunturales, es en
el aspecto estructural, tanto el uno como el otro tienden a llevar el agua
a su molino exclusivo con abstracción del interés colectivo.
Esos y otros aspectos de los dos documentos deben ser revisados en un
ambiente de respeto y generosidad intelectual. Pero, para que lleguemos
a esta situación se necesitan aportes serenos y serios.
En este sentido resulta lamentable la declaración del
Relator Especial para los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas
Dr. Rodolfo Stevanjaguen usando adjetivos que descalifican el proyecto
autonómico en lugar de enumerar uno a uno los errores que contienen
ambos proyectos y hacer notar los problemas de interpretación
que pudiera generar, por ejemplo, la redacción del art.161
al circunscribirse única y exclusivamente a los mestizos, guaraniés,
chiquitanos, guarayos, ayoreos y mojeños.
Desde donde nos encontremos, hagamos el esfuerzo de tender puentes
para el diálogo y evitemos contribuir al enfrentamiento. Los adjetivos
no ayudan.
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