En un ambiente de pérdida de confianza en las
personas, en las instituciones, en las leyes, en la justicia, en fin…en
todo, la semana pasada la prensa internacional nos ha traído
una buena noticia: que uno de los asesinos de la "La Cantuta" en Lima
– Perú, Julio Salazar Monrroe, ha sido condenado a 35 años
de prisión por los crímenes de secuestro, tortura, desaparición
forzada y asesinato de nueve estudiantes (mujeres y hombres) y un profesor
de la Universidad Nacional de Educación "Enrique Guzmán
y Valle – La Cantuta, Lima, en la madrugada del 18 de julio de 1992.
Fueron 16 años de doloroso peregrinaje de los familiares
de las víctimas tocando cuanta puerta pudieron para que, inicialmente
les digan dónde estaban sus hijos; una vez encontrados sus restos
la romería fue para que se investigue y procese a los
responsables de tan macabros crímenes, sin que el llanto y la desesperación
de padres, madres y
hermanos moviera una sola fibra de esa insensible justicia
que representada por cobardes y serviles funcionarios durante casi
dos décadas permaneció ciega y sorda.
Tuvo que ser la Corte Interamericana de Derechos Humanos la
que mediante sentencia de 29 de noviembre de 2006 la que le obligue
a identificar a los autores materiales e intelectuales de tan crueles
e inhumanas prácticas. De no ser por el trabajo realizado por
la Comisión de la Verdad, las instituciones de Derechos Humanos
y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, es posible que el que
hoy fue condenado a 35 años de prisión estaría
disfrutando su impunidad al igual que sus cómplices, encubridores
y los autores intelectuales.
Tardó la justicia, pero llegó y aunque nada reparará
el dolor causado a esas familias, lo importante es que ni el ayer
todopoderoso dictador Alberto Fujimori, ni sus secuaces tendrán
un minuto de paz en el futuro. Esa es una muy buena noticia
y ojala en nuestro país, más temprano que tarde la justicia
caiga contra quienes torturaron y asesinaron
llevados por el odio y la intolerancia que corroe sus corazones.
En Bolivia son muchas las víctimas que claman justicia (febrero
y octubre negros, esposos Andrade, policías en Sacaba, Cristhian
Urresty, etc) y ojala algún día nos lleguen noticias
alentadoras como la de Perú.