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INVESTIGACIONES
 
 
Presentamos una reciente investigación impulsada por la Oficina Jurídica para la Mujer realizada por el cooridnador de la institucioón Ernesto Guevara Quiroz.

LA MUJER COMO FUENTE PRIMARIA DE INFORMACIÓN
 
 
 
  Compartimos prólogo redactado por Karina Herrera, directora del  Centro Interdisciplinario Boliviano de Estudios de la Comunicación


Si dentro de lo que idealmente se busca en la democracia, entre otras cosas, es la participación equitativa de los individuos tomados en su condición de ciudadan@s, esta noción no podría hacerse efectiva sin la base fundamental que es la comunicación.
En efecto, entendida la comunicación como el proceso y la capacidad de los seres humanos en sociedad de construir, intercambiar e interpretar sentidos determinados, pero además con orientación dialógica y equitativa, a la ausencia de ésta muy difícilmente podría edificarse ciudadanía y por ende un sistema democrático real.

Y si se asume, además, que en toda época existen medios y espacios legitimados y hegemónicos para la producción y la circulación de estos sentidos, de estos diálogos y de sus actores, y que en la que actualmente se vive sin mayor discusión son los medios de difusión masiva (prensa, radio, televisión, cine e Internet) los que contienen y representan este poder, no se puede menos que prestar especial atención a lo que en ellos está aconteciendo si es que la apuesta sigue democrática.
Es ésta, evidentemente, la inquietud que promueve la presente investigación, esa intrínseca y fundamental relación entre procesos comunicacionales y democráticos.  Ernesto Guevara, investigador acucioso y crítico, devela en esta obra cómo desde la actividad informativa mediática no sólo se está omitiendo sistemáticamente la presencia y participación de las mujeres como fuentes de información y opinión periodísticas sino que como trasfondo de aquello se reproducen modelos de poder excluyente, contrarios al espíritu de pluralidad, de libertad de expresión y de derecho a la comunicación y a la información que se enarbola de tanto en tanto en los medios y en el periodismo.

El protagonismo masculino como eje generador de información y opinión en los periódicos cochabambinos refuerza, pues, el quebrantado y cuestionado modelo de ciudadanía tradicional ligado al hombre adulto, ilustrado y con suficiente sapiencia para el ejercicio de la voz pública. Siendo por demás evidente el grado de avance social, político y cultural de las mujeres se constata que éste no ha sido acompañado por los medios. Al contrario, la invisibilización de sus luchas, discursos, imaginarios y demandas producto de la negación, por distintas razones, del derecho a decir y a aparecer públicamente, no puede nada más que llevarnos a interrogar a los medios por su excesivo tradicionalismo informativo, que los convierten en espacios rutinizados y ritualizantes de las mismas voces, los mismos temas y los mismos acontecimientos, es decir en espacios de deficientes niveles de pluralismo, interculturalidad, diversidad y equidad.  ¿Entonces dónde queda el papel democrático de los medios? ¿Dónde queda la democracia con esta clase de funciones que cumplen los medios?

Las cuestionantes saltan a la vista con la evidencia empírica que nos aporta Guevara y que coincide con otros estudios que en el último tiempo se han hecho acerca, precisamente, de las coberturas y tratamientos periodísticos.  El resultado es el mismo: los medios masivos de difusión en las actuales circunstancias adolecen de pluralismo, de enfoques de interculturalidad, de respeto a la diversidad, de adecuado manejo y equilibrio de las fuentes y los recursos informativos y, por lo tanto, muy no son espacios de representación y reconocimientos de diversos sectores sociales.

Por ello los resultados del trabajo de Guevara se convierten en doblemente valiosos: por un lado, porque aportan datos y pruebas de este negativo ejercicio y, por el otro, sobre esta misma base, son una abierta provocación para continuar indagando en la arena mediática y fortalecer aún más la demanda y la conquista del ejercicio pleno del derecho a la comunicación que significa no otra cosa que la exigencia natural y legítima de construir, expresar e intercambiar sentidos sociales en convivencia con “otros” y “otras” diferentes y tener la capacidad de instalar proyectos colectivos por el bien común.

Karina M. Herrera Millar - Directora (CIBEC)


 
   
 
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